DIOS NO PIENSA EN N√öMEROS REDONDOS

La Jornada Semanal, México, Domingo, 14 de septiembre de 2003

(h)ojeadas

GUILLERMO LESCANO ALLENDE

Jo√£o Almino (1950) es un escritor conocido en Brasil pero no en el √°mbito hisp√°nico. Las cinco estaciones del amor es la primera novela que se traduce al espa√Īol y forma parte de una trilog√≠a sobre la ciudad de Brasilia: Ideas sobre d√≥nde pasar el fin del mundo y Samba-enredo.

La historia es narrada por una mujer que tiene dos nombres: Ana/Diana (el segundo es el otro yo, el lado oculto de uno mismo, el lado atrevido; el ser y el querer ser, algo as√≠ como la relaci√≥n que establec√≠a Sor Juana entre saber y desear saber). Ana/Diana tiene cincuenta y cinco a√Īos, es jubilada, ha sido profesora de filosof√≠a, vive con sus sobrinos y una sirvienta. Es una sobreviviente de esa generaci√≥n “semiperdida” -o m√°s o menos extraviada- de los sesenta, signada por el deseo de cambiar el mundo.

Aunque hay muchos personajes en la novela, el que es capaz de producir el mundo novelesco es otro personaje tambi√©n con dos nombres: Norberto/Berta (el segundo es el otro yo, el lado oculto, la homosexualidad latente en cada hombre, la fantas√≠a masculina de travestismo y transexualidad). El escenario es Brasilia, un √°mbito sin historia, nacido de los sue√Īos de modernidad de mediados del siglo xx. Ciudad universal, refleja una realidad insoslayable: la inseguridad propia de un gran conglomerado.

La an√©cdota se va adivinando a trav√©s de una escritura que quiere negar la forma tradicional de narrar y, por lo tanto, habla de s√≠ misma, de la gestaci√≥n del texto, de la p√°gina en blanco. Almino metaforiza las palabras como pinceladas rojas: se parecen al color con que Norberto/Berta pint√≥ a la protagonista. La escritura como met√°fora es insistente: la pluma es la pistola, un arma que Diana adquiri√≥ para su propia seguridad. Y hay una obsesi√≥n muy filos√≥fica y muy literaria al mismo tiempo: el tema de Octavio Paz sobre el instante, el deseo de comenzar de cero, a partir de la desilusion posterior al ’68. La acci√≥n transcurre en 1999 en medio de los preparativos de un grupo de amigos para recibir el nuevo milenio, el a√Īo 2000.

Gloso una reflexi√≥n recurrente sobre la escritura, considerada desde los sumerios y fenicios: “La escritura puede ser borrada, transformada y perdida. Desde que, hace sesenta mil a√Īos existe el lenguaje, la lengua puede comerse a la lengua y fijar para siempre el instante.” Esta es la amenaza constante del texto: es un hablar de s√≠ mismo que niega al texto, concebido desde el logos. Como en Cervantes, la escritura crea a los personajes vi√©ndose a s√≠ mismos como construcciones discursivas. Hay muchos momentos en que Ana se propone destruir todos los papeles y el lector tiene la sugesti√≥n de que tambi√©n destruye lo que se lee. Como la narradora es Ana/Diana, se llega a un punto ciego: ese instante a partir del cero, ¬Ņincluye o excluye alg√ļn tipo de escritura? Pero el cero, como n√ļmero vac√≠o, no exist√≠a en Europa hacia el a√Īo 1000: los festejos de fines de siglo son una invenci√≥n moderna, despu√©s del siglo XVII, afirma muy doctamente un personaje de la novela. Si el n√ļmero cero es un “n√ļmero inspirado por el vac√≠o y el desierto”, ¬Ņqu√© le puede esperar al milenio, que se inicia con tres ceros? La respuesta la debe tener Dios, que “no piensa en n√ļmeros redondos”, dice otro personaje. Y otra cosa: “Dios estaba enojado y de mal humor cuando cre√≥ al hombre”, sostiene Diana. El lector entender√° el porqu√© de esta frase al enterarse de los pormenores anecd√≥ticos: la relaci√≥n que se establece, en 1999, entre Ana/Diana y Noberto/Berta. Este √ļltimo es el que detona las acciones al reaparecer, despu√©s de muchos a√Īos, operado como mujer y se instala en la casa de Ana. Esta es, en s√≠ntesis, la base de la trama que poco a poco va adquiriendo matices pol√≠ticos y policiacos. Ocurren algunas tragedias, en el marco de esta historia de intelectuales maduros que todav√≠a buscan la autenticidad juvenil: la novela es, tambi√©n, una novela sobre Brasilia, una promesa de la modernidad. “¬ŅQui√©n asegura que no soy artificial como Brasilia?”, se pregunta, casi al final, la angustiada ex catedr√°tica. Debido a un incendio hay, en efecto, una p√©rdida real de muchos papeles viejos de la narradora y entonces √©sta dice: “Lo esencial no est√° en el diario que destru√≠ ni en el relato perdido m√°s tarde en la cat√°strofe, sino en el que cuento ahora.” Para lograr este resultado ha intervenido, sin duda, Diana, el otro yo, el m√°s oculto y verdadero. La propuesta de Almino/Flaubert es la de ofrecer una suerte de “hipertexto que se recrea a cada instante, con palabras sopladas por Dios”, esto es, como se dir√≠a afuera de las novelas, por el discurso. Este libro es el cuarto t√≠tulo de la colecci√≥n Primero Sue√Īo, dirigida por Sandra Lorenzano, que la editorial Alfaguara y la Universidad del Claustro de Sor Juana han creado recientemente.


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